Biden y Lula deciden en"un corito sano" proteger la Amazonía

El presidente de EE UU, Joe Biden, ha recibido este viernes en Washington a su homólogo brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, en su tercera visita oficial al extranjero desde que tomó posesión el pasado 1 de enero. En una breve declaración conjunta en la Casa Blanca, Biden ha evocado la defensa de la democracia y del Estado de derecho como valores compartidos. El asalto al Capitolio de 2021 y el de las sedes del Gobierno, el Congreso y el Tribunal Supremo en Brasilia, justo dos años después, con escenas calcadas del primero, acercan a los dos mandatarios, firmes en su defensa activa de la democracia frente a sus predecesores. Lula ha recalcado que quiere “recolocar a Brasil en la geopolítica mundial porque durante cuatro años el país se aisló, se automarginó” con un presidente que “menospreciaba las relaciones internacionales”, en referencia a Jair Bolsonaro. “Eso me suena”, ha apuntado Biden.

Ambos se han reunido a puerta cerrada para dialogar sobre una agenda que se ha centrado en el cambio climático, además de la defensa de la democracia, la economía, cuestiones globales (con la guerra de Ucrania en primer término) y regionales, como la relación de EE UU con Suramérica y Mercosur. Tras el encuentro, el mandatario brasileño ha dicho que cree que EE UU ayudará a proteger la Amazonia, aunque no especificó de qué manera. “No hablamos concretamente del Fondo Amazonia”, matizó, en referencia al fondo especial de ayuda para preservar el mayor bosque tropical del mundo que la presidencia de Lula ha revitalizado.

Los dos presidentes han coincidido en “su categórico rechazo al extremismo y la violencia en la política”, pero la cercanía en estos asuntos citados choca con sus opiniones divergentes en lo que respecta a la guerra de Ucrania, en la que Lula condena la invasión rusa pero reparte responsabilidades entre el presidente ruso, Vladímir Putin, y el ucranio, Volodímir Zelenski, frente al apoyo sin fisuras de Washington a Kiev.

El demócrata ha intentado con distinta suerte arrastrar al sur global en su apoyo a Ucrania, argumentando que todas las naciones tienen la responsabilidad de oponerse a la invasión sangrienta y no provocada de un país vecino por parte de una superpotencia. Lula, por su parte, ha rechazado los llamamientos de Occidente a apoyar con armas a Kiev porque no quiere verse involucrado indirectamente en el conflicto. Además, ha tratado de erigirse en estadista capaz de mediar entre ambos bandos, proponiendo la creación de un “club de la paz” de países que puedan coadyuvar a una solución negociada. El propio Lula ha explicado, en una entrevista a CNN, antes de su cita en la Casa Blanca, que la invasión rusa “fue un error, y ahora tenemos que arreglarlo” y que se niega a armar a Kiev: “Si mando munición, entro en la guerra y yo lo que quiero es acabar con la guerra”.

Fuentes de la delegación brasileña confirmaron en Washington que Lula plantearía a su anfitrión “un debate negociado sobre la paz en Ucrania, que incluya la participación de actores mundiales más neutrales en el conflicto” como China, India, Brasil, Indonesia o Turquía, algunos de ellos los antiguos BRICS.

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